Por qué hay más divorcios tras las vacaciones

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En ciertos países ocurren 3 divorcios por minuto, un dato alarmante cuyo número aumenta de forma considerable durante los primeros días de vuelta tras las vacaciones.

Ese momento en el que los dos integrantes de una pareja deben “enfrentarse” al simple hecho de pasar más tiempo juntos en comparación a esa rutina que llevan arrastrando durante todo el año.

Y es que, las estadísticas demuestran que 1 de cada 3 matrimonios se rompen tras esta situación que debería, curiosamente, unir más a la pareja. ¿Y por qué es que ocurre esto?

El amor cuando hay rutina

Cuando el amor se entremezcla con la rutina, este parece más intenso: nos gusta desayunar con nuestra pareja, encontrarlo al volver a casa, recibir una llamada suya cuando menos te lo esperas.

La relación parece ir viento en popa, especialmente, porque esta obedece a ciertos momentos en los que la relación adquiere un contacto más mecánico. Además, el hecho de estar un tiempo sin nuestra pareja nos hace echarla de menos y tener más cosas que contarle (y viceversa).

Si, por el contrario, la relación no marcha demasiado bien, la rutina también nos permite desaparecer en ese momento en el que deberíamos hablar de ciertos asuntos, macerando cierto rencor, desilusión o celos que se manifestarán, irremediablemente, durante un viaje.

En las vacaciones pasas más tiempo con tu pareja

Cuando se plantea el ir de vacaciones, la premisa parece prometedora: vas a pasar 24 horas diarias durante dos semanas con esa persona a la que la rutina o tus muchas labores te impiden entregarte más horas.

Podrán interactuar en un ambiente diferente, dedicarse el uno al otro sin las presiones de la vida diaria; en resumen, estamos deseando que llegue el día de despegar hacia ese prometedor destino.

¿Y qué ocurre con la pareja tras las vacaciones?

Sin embargo, ya en el aeropuerto, comienzan a discutir por las maletas y horarios (si hay niños de por medio, mucho peor), entramos de mala gana al avión pero nos relajamos, “todos nos estresamos” -piensas- y vuelves a esa situación de pareja “perfecta” rumbo a ese esperado destino vacacional. Luego vienen el hotel, las primeras excursiones y las primeras 24 horas de convivencia, todo parece perfecto pero, algo falla… ¡no hay rutina!

No ves ese momento en el que puedas dedicarte a ti misma, pues parece que el hecho de estar de vacaciones con tu pareja implique el estar a todas horas con ella sin poder respirar.

Le planteas irte sola a pasear por la playa o de compras pero le suena raro; y es que en su vida normal el hacer algo por ti misma está sujeto a otras conductas y, en la mayor parte de los casos, obligaciones. Sin embargo, durante las vacaciones no deberían existir motivos por los que “estar sin tu pareja”.

Ejercicio de reflexión

De este modo, la escapada romántica se convierte en un ejercicio de reflexión en el que analizas mejor tus verdaderos sentimientos hacia una pareja con la que te encuentras conviviendo todo el tiempo.

La cabeza también está mucho más vacía de preocupaciones, por lo que la llenamos con el mismo pensamiento autodestructivo hacia la pareja y los pequeños detalles que en la rutina parecíamos omitir aquí se manifiestan provocando más de una discusión.

¿Qué pasa al volver?

Al tomar el avión de vuelta no eres la misma persona que cuando despegaste, deseando llegar a casa, temblorosa y con cierto miedo, para comunicar tu decisión.

El número de divorcios aumenta tras las vacaciones debido a la convivencia pura y dura que se sucede al dejar atrás la rutina, destapando la verdadera personalidad de cada individuo en un escenario que requiere de mayor complicidad, entrega y, ante todo, tiempo.

¿Qué opinas de esta información?

Fuente: imujer.com

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