Decirte adiós, fue una buena decisión

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Te compartimos este texto con mucho amor..

Cerré los ojos por un momento, intentando calmar al nido de abejas que se encontraban en mi garganta. Mis ojos húmedos retuvieron las lágrimas que amenazaban con caer. Hice cuentas mentales y puse las cartas sobre la mesa sobre todo lo que callé, todo lo que con paciencia soporté. Había tomado una buena decisión, pues hasta la persona más estúpida habría sabido que lo mejor era decir adiós, aunque doliera.

Es realmente triste dejar atrás a la persona con la que compartiste momentos irrepetibles, con quien sentiste cosas que jamás habías sentido, que te regaló los mejores pero también los peores días…y aún más triste es cuando estos últimos predominan, presagiando un final.

He querido hacerme la tonta estos últimos meses, he querido fingir que nada pasa, que aquellas cosas que haces y sabes que me lastiman son una equivocación, que tu actitud cambiará y tu amor por mí será más fuerte que cualquier estúpido vicio o maña. He querido confiar en que todo mejorará, como tú tanto me repetías.

Y entre más excusaba tu forma de ser, menos miedo tenías a fallarme. Entre más te brindaba mi confianza, más seguridad sentías al ocultarme las cosas. Quizá, entre más te amaba… menos intentos hacías por ser la mejor versión de ti para mí

Es verdad, me hice la despistada en espera de ver que realmente querías volver a intentarlo, que realmente lucharías, que demostrarías que me quieres en tu vida. Me hice la distraída hasta que me miré al espejo y descubrí que me estaba convirtiendo de verdad en una persona estúpida, una persona que no tiene el coraje de exigir lo que merece y no aceptar menos que eso. Una persona que sabe lo que vale y aun así lo calla con tal de quedarse con quien ama.

¿Y tú? Tú te convertiste justo en el tipo de persona que sabes que en otras circunstancias, jamás habría volteado a ver. Te volviste la típica persona que busca atención y se la malvive en vicios y mentiras. Te convertiste en alguien que ahora desconozco, de quien no me habría enamorado.

Y aún con eso, me quedé. Me quedé a tu lado, esperando a que te dieras cuenta que me herías con tu actitud. Me quedé a ver cómo cada día eras menos la persona que amaba y más aquella persona que habría agradecido jamás conocer.

Guardé tanto, tantas cosas que vi y callé para defenderte de mi propio desagrado. Quizá porque no quería tener motivos para alejarme de ti, quizá porque no quería darme cuenta… de que no me convienes.

Y esa es la razón, por la que sé que tomé una buena decisión: Tú no me convienes; porque a pesar de saber qué me lastima, lo sigues haciendo; porque aunque te daba otra oportunidad, tú me seguías fallando; porque tu intento de ser lo mejor para mí duraba apenas un par de meses; porque ponías de excusa que si así te conocí, así debía aceptarte, cuando en realidad al conocerte tú decías que habías cambiado por mí; porque aprovechabas nuestros enfados para hacer cosas que sabes que me molestarían; porque no eres sincero… tú no me convienes.

¡Cuánta razón tenías, cuando decías que tú no eras lo mejor para mí! Y qué razón tenía yo al responder que si una persona te dice eso, automáticamente deja de ser lo mejor, porque simplemente no quiere serlo. Y eso pasó, que tú no querías ser lo mejor para mí, tú sólo buscabas placeres para ti mismo y que yo los soportara sin reproche.

Tú no me convienes, y es lo que me repito cada día desde que decidí ponerle fin a esto. Por más que llegué a amarte y por más cosas que vivimos juntos, no me convienes. Porque cuando decimos que al amar a una persona debes aceptarla tal cual es, no se refiere a las actitudes egoístas ni a las mentiras, sino a que puedes aceptar sus errores siempre y cuando después los corrija y de esta forma ayudarle a ser mejor.

Y la peor parte de todo esto, quizá te toque a ti después, cuando me extrañes y te des cuenta de que no valoraste a quien tenías a tu lado. Lo más triste va a ser cuando extrañes una caricia en tu mejilla para antes de dormir, un mensaje preguntándote si todo está bien, un ‘avísame cuando llegues a casa, por favor’, unos ojos que te hagan saber lo importante que eres, unos labios que te dediquen canciones. Lo más triste será para ti, cuando te des cuenta de que yo era más importante que tus vicios.

Y verás fotos de nosotros, cuando éramos felices… y te vas a acordar de cuántas veces te advertí que me alejaría si no cambiabas y tú no me tomabas importancia.

Lo más triste será cuando veas que estoy bastante bien sin ti, que pude darme cuenta de que no era una prioridad en tu vida. Me verás con una sonrisa distinta y pensarás que he cambiado… pero no, lo único que habrá cambiado para entonces, es el lugar que tú tenías en mi vida.

Sin duda, tomé una buena decisión. Y lo sabes.

Escrito por: Mayeli Tellez.
Fuente: sermejorpersona.com